Sigo creyendo, que te fuiste en un momento, porque te habías cansado de no generar nada en mí. No me dolió ni un poco que lo hicieras, sentí un gran alivio y pude volver a respirar. Me causaste tanto daño... Psicológico mucho más, después me encargué yo de lastimarme físicamente por culpa tuya. Me costó soltarte y dejarte ir, por más mal que me provocaras, estaba tan acostumbrada a convivir con vos...
Tampoco me da lástima no haberte cruzado de nuevo, ya no me esforzaba por evitarte porque no estabas rondando cerca de mí. Comencé a vivir mejor y me llené de emociones lindas, la felicidad abundaba en mí y me abrazaba todo el tiempo, vos nunca más lograste hacerme algo.
Por eso mismo, llena de felicidad y amor propio, te volví a escribir. Conseguí el coraje necesario para enfrentarte y decirte de frente, que ya no me causas nada. Fuiste difícil de superar, pero por fin lo conseguí. Te digo adiós, depresión, solo espero, de buena gana, no volverte a ver nunca en mi vida.
Agustina
Agustina