viernes, 31 de mayo de 2019

Te vuelvo a escribir...

 Hoy, me atrevo a escribirte otra vez.¿Cómo estás? He escuchado que continúas molestando a algunas personas, que lamentablemente no se liberan de vos.¿Te sigue gustando hacer llorar a la gente? Era un clásico tuyo, una de tus habilidades, o tal vez la única razón por la que existís.
 Sigo creyendo, que te fuiste en un momento, porque te habías cansado de no generar nada en mí. No me dolió ni un poco que lo hicieras, sentí un gran alivio y pude volver a respirar. Me causaste tanto daño... Psicológico mucho más, después me encargué yo de lastimarme físicamente por culpa tuya. Me costó soltarte y dejarte ir, por más mal que me provocaras, estaba tan acostumbrada a convivir con vos...
 Tampoco me da lástima no haberte cruzado de nuevo, ya no me esforzaba por evitarte porque no estabas rondando cerca de mí. Comencé a vivir mejor y me llené de emociones lindas, la felicidad abundaba en mí y me abrazaba todo el tiempo, vos nunca más lograste hacerme algo.
 Por eso mismo, llena de felicidad y amor propio, te volví a escribir. Conseguí el coraje necesario para enfrentarte y decirte de frente, que ya no me causas nada. Fuiste difícil de superar, pero por fin lo conseguí. Te digo adiós, depresión, solo espero, de buena gana, no volverte a ver nunca en mi vida.

    Agustina

miércoles, 29 de mayo de 2019

Extraña sensación

 Tengo una extraña adicción.
 Hacia tus ojos, marrones o tal vez verdes, o una mezcla de ambos. Esos ojos que me observan, aparentemente, deslumbrados, como si no creyeras que me estás viendo; es raro, lo sé. Aquellos ojos por los cuales, a veces, caen lágrimas, y cuánto sufro cuando las veo caer por tu cara.
 Tengo una extraña adicción.
 Hacia tu sonrisa, ¡Dios! Que perfección.¿Cómo puede ser que una mueca me haga sentir feliz? Te veo sonreír y se me ilumina el mundo, si sos feliz, yo también lo soy, siempre. Esa sonrisa, que me enamora cada vez que se asoma y me regala besos dulces.
 Tengo una extraña adicción.
 Hacia tus manos, que me sostienen cuando me caigo y me ayudan a levantarme. Que me atrapan desprevenida, me hacen cosquillas, recorren mi cuerpo atrevidamente; me miman todo el tiempo y me hacen sentir protegida. Manos que con agarrarlas siento felicidad, porque, creo yo, que con el tacto se dice lo que no se puede con palabras.
 Tengo una extraña adicción. Es hacia vos. Tu forma de ser tan distinta, tus gustos, tu manera de hablar y expresarte, tus habilidades, tu cariño. Mi adicción y vicio más grande, aquel círculo vicioso que no puedo soltar, sos vos.

        Agustina

lunes, 27 de mayo de 2019

Miedo

 Tengo miedo de salir de mi casa y no volver. Miedo todo el día, todos los días. Miedo de ser la siguiente sabiendo que no voy a ser la última. Miedo de no saber defenderme. Miedo de perder a alguien que conozco. Miedo de que esto nunca se termine.
 Porque todos sabemos que no es la ropa, no es el horario, no es el estado alcohólico; todos sabemos que la culpa no es nuestra. Todos sabemos que también nosotras somos violentas, que también los hombres sufren. Todos sabemos que la sociedad está mal y no podemos hacer nada para cambiarla. 
 Antes no existía ese miedo, ese pensamiento. Antes no miraba el noticiero y veía otro caso más. Antes, de alguna forma la sociedad estaba bien. Antes no luchábamos por las caídas y los caídos. 
 Y como todas, sé que ese miedo nunca se va a ir, que va a seguir ahí impidiendo tener libertad.

        Agustina