martes, 24 de diciembre de 2019

  No todo el mundo entiende todas las formas existentes de hacer arte. Ni todos comprenden todas las maneras de amar. Sin embargo, hay quienes sin haber experimentado el amor, dicen conocerlo y lo consideran la emoción más hermosa que siente el ser humano.
  Justamente, yo considero al amor, una forma de hacer arte. Es como si dos o más personas, crearan un collage con sus esencias, logrando una pieza unica. Porque vos siempre vas a brindar tu misma esencia, aunque puede que no, pero nunca vas a poder confeccionar dos collages iguales, estando con personas diferentes. No existen dos esencias iguales.
  El amor brinda libertad. Diría que el amor del bueno pero, ¿Cuál es? ¿Existe una manera de amar mejor que las demás? No es real el amor perfecto, y nunca lo será. Miremos la realidad y evitemos lo que inventan las películas.
  También creo que nosotros mismos podemos hacer un collage con nuestros sentimientos, de nuestros "defectos" poder formar algo "más lindo", de lo cual estemos orgullosos. Porque para mi la vida es eso también, estar orgulloso con uno mismo, con los collages propios. Si vos no estás feliz en dónde estás, entonces no es por ahí.
  Vos siempre estás haciendo arte, vos siempre estás siendo libre. Y si algún día te diste cuenta de que dejaste de ser vos, permitite ver tu collage y modificar las cosas.


          Agustina.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Jamás...

  Jamás me cansé de esperar a que llegaras. Siempre fuiste una persona impuntual, estaba acostumbrada a esperarte, incluso, por más de dos horas. Como siempre, creí que te habías dormido o que estabas dándote un baño, solías tardar por esas razones. Más de una vez, de hecho casi siempre, me he quedado sola en nuestro lugar de encuentro; que, curiosamente, siempre era el mismo, la plaza más alejada de la ciudad.
  Me acuerdo muchas cosas de aquel día, peculiarmente, de la música que escuchaba en la eterna espera. Michael Jackson sonaba en mis auriculares a todo volumen, mientras los árboles perdían sus hojas. Y yo mentalmente las contaba. Tres hojas, diez hojas, dieciséis hojas. Perdía la cuenta y volvía a empezar, hasta que me cansé. En un determinado momento, me percaté de que la playlist se había terminado, ya te había esperado casi tres horas. 
  Pasaban los minutos y no aparecías. No quería irme para que no pensaras que me había cansado de esperar, porque no era el caso. Me detuve a mirar los minutos pasar, al igual que las nubes, que parecían ir a toda velocidad. El sol brillaba y me quemaba las mejillas. El viento soplaba y volaba mis pelos en miles de direcciones, los árboles se movían junto a él, lo que captaba toda mi atención. 
  Cuando el sol se escondiera, iba a irme. Tolero los atrasos, pero no de tantas horas.
  No tenía más ideas para pasar el tiempo. Me limité a esperarte mientras escuchaba mi playlist por segunda vez.
  Cuando la playlist terminara, iba a irme. El sol se escondía dentro de poco. Podía esperar un rato más.
   Yo y mi enfermedad por esperar todo y a todos. No me gustaba que la otra persona se sintiera mal por tardar, por eso mismo, siempre esperé a cualquier persona que haya tenido planes conmigo. Fuera el tiempo que fuera.
  Nunca me atreví a llamarte para saber dónde estabas. No sé porqué se me dió por hacerlo ese día, a esa hora. Te llamé y atendiste agitado. Al principio estaba preocupada, había creído que estabas corriendo para poder llegar. Pero el parámetro cambió cuando escuché más de una respiración. 
  Aturdida por la situación, decidí colgar. El sol no me quemaba. El viento no soplaba. Los árboles no se movían. Todo se detuvo, y el tiempo parecía haberlo hecho también. 
  No lloré. Solo sentí impotencia. Solo sentí que me rompía. Solo sentí que me desplomaba. Pero no lloré.
  Me fuí y no te esperé. Nunca más volví a esperar a nadie. La playlist seguía sonando, pero yo no la escuchaba. 
  Sigo sin entender que fue lo que pasó. Y sigo creyendo que escuché mal a través del celular. Pasé por tu casa y te ví con alguien más. Y sigo creyendo, que ese alguien más, no era nadie.
  Pero también, sigo sin llorar. Porque de tanto esperar, esperar y esperar a los demás, siempre me postergue a mí. Y no lloré, solamente porque no sabía lo que era llorar. De tanto postergarme a mí, postergue también mis emociones. Las cuales hasta ahora, sigo sin conocer.

         Agustina.

lunes, 23 de septiembre de 2019

  Nuestra relación siempre tuvo altibajos. Íbamos y veníamos, como una puerta vaivén. Ambos éramos conscientes de lo mal que nos hacíamos, pero ninguno estaba dispuesto a sentir dolor. Pasaba mucho de estar juntos y no sentir absolutamente nada, en el ambiente corria viento helado, lleno de incomodidad; porque también era eso, sentirnos incómodos con la presencia del otro.
  Al principio todo era amor y coqueteo, nos reíamos a carcajadas con nuestros chistes. Nos sentíamos en las nubes, o por lo menos yo me sentía de esa forma, como si pudiera volar sin alas. Todo era soñado. Pero de a ratos, el sueño se transformaba en pesadilla. Te confesaba mis sentimientos por vos, y la respuesta era "mirá vos" o "¿Y a mí qué?". Todo lo que me decías, tenía una forma de lastimarme, tus comentarios fríos destrozaron mi corazón, poco a poco, pedazo a pedazo.
  Mi corazón amaba con tres mil caballos de fuerza, y el tuyo, a veces, no sabía lo que era amar.
  Con el paso del tiempo, un muro se interpuso entre nosotros. Construido por vos y tu miedo a seguir sintiendo amor, como si se hubiese transformado en tu fobia. Ese muro hizo que me golpeara fuertemente y me cortó el vuelo. Dejé de sentir amor, dejé de soñar y dejé de volar. Le puse un candado a mi corazón y tiré la llave bien lejos. Nadie podía ser capaz de lastimarme otra vez.

               Agustina.

jueves, 29 de agosto de 2019

  Hay veces en las que me ilusiono fácil, con suposiciones falsas que inventa mi cabeza. Soy de aquellas personas que se enamoran rápido, sin frenos y que lo da todo. El amor siempre me pareció como una entrega de todo lo que es uno mismo. Una entrega de miedos, ideales, sueños y secretos; sin necesidad de llevar puesta una máscara que esconda quien es en realidad cada uno.
  Pero, desgraciadamente, no todas las personas del mundo tienen el mismo pensamiento que yo. Hay algunas que lo único que hacen, es dar falsas ilusiones en cuanto a lo que sienten. Otras, no se dejan amar, pero aman con todas sus fuerzas... En silencio.
  Existen también, aquellas que son infieles, que no les importa que puede llegar a sentir el otro, que solo producen daño. Ni hablar de las personas tóxicas, que pareciera que no quieren que su pareja se relacione con personas "X".
  Hay veces en las que no nos damos cuenta de que uno mismo se rompe el corazón haciéndose falsas ilusiones, con la persona equivocada.
                      Agustina.

martes, 6 de agosto de 2019

Collage

  Aquel día que nos conocimos, ninguno de los dos sabía que el otro estaba roto. Pero sí sabíamos lo rotos que nos encontrábamos. Con el tiempo fuimos descubriendo que, no solo el otro nos entendía, sino que había pasado por una situación similar. Por lo tanto, dimos por sentado, o por lo menos yo, que el otro estaba "incompleto".
  Faltaban un par de piezas en cada quién. Amor propio por aquí, seguridad en sí mismo por allá. Éramos dos cuerpos diferentes, pero terriblemente incompletos, eso nos igualaba. Día a día tratabamos de arreglar al otro, o completarlo. Resultaba imposible, siempre había algo que no quedaba bien. A alguno le faltaba o sobraba algo, no lograbamos distribuir las cosas equitativamente. 
  Rotos, como estábamos, nos amamos de igual manera. Empezamos a  complementarnos. Y ahí fue cuando tuve la idea. Te propuse encajar todas tus piezas con las mías, desordenadas; no entendías para qué, pero lo hiciste. Acomodamos todo juntos, como mejor nos parecía. Habíamos creado juntos, el collage más hermoso que ví en mi vida, que aún sigue vigente. 
  De piezas rotas, sin mucha belleza, logramos construir una obra de arte. Porque a veces es necesario juntar todo de ambos, para crear algo mejor.

    Agustina.

jueves, 25 de julio de 2019

  ¿Y si estoy acá destinada a hacer que las personas sean felices, mientras yo trato de lidiar con mis miserias?
  Porque, por más de estar rota, en miles de pedazos, logro sacarle sonrisas a personas que apenas conozco. Incluso las ayudo a lidiar con problemas que yo misma tengo, que no puedo vencer. Y me alegra saber que esas personas, son felices porque aporté un granito de arena.
  Mientras ellos me dan las gracias, mi mundo de todas formas colapsa; y ahí es cuando a veces lloro, o sonrío, queriendo ser fuerte. Pero, de todas formas, me muestro feliz.
  Niña de cristal, deja de engañar al resto, fingiendo que eres de hierro. Demuestra tu lado débil, que nada tiene de malo. ¿Para qué quieres vivir, si vas a esconder tu verdadera personalidad? Que demasiada bella es, como para que nadie la conozca.

            Agustina.

domingo, 30 de junio de 2019

Ataque de pánico

  Me tiembla todo. Siento como me encierro en mí misma. No dejo escapar nada de mí, tampoco dejo que nada entre. Soy yo y mi mundo. O quizás soy solo yo, creandome la fantasía de que tengo un mundo propio. Siento ganas de escapar. Quiero escapar. Pero no me puedo mover. Solo tiemblo y tiemblo sin parar.
  ¿Alguna vez se terminará? No lo sé. Nadie lo sabe. Tal vez me acompañará toda mi vida. O tal vez hasta cierto punto de ella.
  Quiero ver algo. Desde aquí solo veo oscuridad y horror. Me come la cabeza, y siento que reviento. Lloro mucho y me seco las lágrimas. Pienso varias veces lo mismo: "me estoy muriendo", "soy muy jóven para irme", "¿Dónde están mis papás?". Mi garganta. Me la rasguño, pensando que eso va a lograr que yo respire bien. Me agarro la cabeza, porque me duele y me está matando con sus pensamientos.
  No quiero morirme. Pero pienso que voy a hacerlo, y eso me aterra. Busco la salida. No la encuentro. Me desespero y es peor. Inhalo. Exhalo. No funciona, siento que me muero.
  Me convenzo de calmarme, de que estoy bien. Poco a poco mejoro. Ese demonio me come la cabeza, los pensamientos. Y hasta quizás que me come la vida.
  ¿Quién es dueño de mi? ¿Él o yo? No lo sé. No me importa. Solo quiero estar bien, y lo estoy. Una vez más salí del tormento. Pero tarde o temprano volverá.

       Agustina.

lunes, 24 de junio de 2019

  Estábamos tirados en el pasto, juntos, tomados de las manos y mirando el cielo. No dejábamos de hablar, sobre todo y sobre nada, el tema de conversación no era relevante. Cada tanto se me escapaba verla, esa sonrisa... Me mataba. A veces ella me descubría viéndola y me tiraba un beso, después volvía a mirar el cielo para seguir hablando, me dejaba fuera de juego. Contemplaba la perfección misma. Y dice tener defectos, ¡Pero si no tiene ninguno! Es hermosa de pies a cabeza, su forma de ser es mágica y su forma de pensar es de otro mundo.
  Me quedaba embobado viendo sus labios moverse al compás de sus palabras, estaba en donde quería estar, con quién quería estar. Ella sabía que nada me alcanzaba para demostrarle mi amor, todo era insuficiente. Pero ella... Hasta con una caricia te lo demostraba, inexplicable. En todo su ser veías lo que sentía, y no le daba vergüenza demostrarlo.
  No resistí y la besé. Fue correspondido, como siempre, y mágico como nunca. Sentía tantas emociones juntas que no podía identificarlas. Sigo sin entender como no exploté a causa de mis sentimientos a flor de piel. Me perdí en ella y ella en mí.
  Me separé y la miré.
- Me encontré con un ángel.
  Sonrió.
- Tú ángel.
  Y nos fundimos nuevamente en un mágico beso.

      Agustina

sábado, 15 de junio de 2019

Corazón roto

 Tengo la certeza de que a veces, es mejor que te rompan el corazón, sino, ¿Cómo haríamos para saber sanarnos a nosotros mismos? Sin experiencias, nunca vamos a tener la oportunidad de aprender a sanar; y, lamentablemente, mientras más grandes somos, más difícil es adquirir el conocimiento de lo que sentimos. Por nuestras dudas.
 Mientras más tiempo pasa, más emociones aparecen y nos asustan. Crecemos sabiendo que existen la felicidad, la tristeza, el enojo, el miedo y el dolor. Entonces, un día descubrís el amor, todo tu cuerpo reacciona positivamente ante ésta hermosa emoción, llena de felicidad.
 Pero va a llegar el momento donde aparece la sensación de tener el corazón roto, que al principio es insoportable y las lágrimas son un completo descontrol. Sentís tristeza y dolor en forma abundante, te preguntás mil veces si fuiste insuficiente, si fallaste, si no demostraste todo lo que sentías. Te desconectas y sufrís en silencio, solo.
 Y con el tiempo vas a poder sanar, y vas a volver a ser vos. Te vas a valorar un poquito más, sabiendo lo que mereces y lo que te lastima. La felicidad, esa que vos tanto conocés, no va a dejar de abundar en vos.
 Sin querer, te darás cuenta de que te conocés más a vos mismo, y sos más feliz, gracias a un corazón roto.

       Agustina

viernes, 31 de mayo de 2019

Te vuelvo a escribir...

 Hoy, me atrevo a escribirte otra vez.¿Cómo estás? He escuchado que continúas molestando a algunas personas, que lamentablemente no se liberan de vos.¿Te sigue gustando hacer llorar a la gente? Era un clásico tuyo, una de tus habilidades, o tal vez la única razón por la que existís.
 Sigo creyendo, que te fuiste en un momento, porque te habías cansado de no generar nada en mí. No me dolió ni un poco que lo hicieras, sentí un gran alivio y pude volver a respirar. Me causaste tanto daño... Psicológico mucho más, después me encargué yo de lastimarme físicamente por culpa tuya. Me costó soltarte y dejarte ir, por más mal que me provocaras, estaba tan acostumbrada a convivir con vos...
 Tampoco me da lástima no haberte cruzado de nuevo, ya no me esforzaba por evitarte porque no estabas rondando cerca de mí. Comencé a vivir mejor y me llené de emociones lindas, la felicidad abundaba en mí y me abrazaba todo el tiempo, vos nunca más lograste hacerme algo.
 Por eso mismo, llena de felicidad y amor propio, te volví a escribir. Conseguí el coraje necesario para enfrentarte y decirte de frente, que ya no me causas nada. Fuiste difícil de superar, pero por fin lo conseguí. Te digo adiós, depresión, solo espero, de buena gana, no volverte a ver nunca en mi vida.

    Agustina

miércoles, 29 de mayo de 2019

Extraña sensación

 Tengo una extraña adicción.
 Hacia tus ojos, marrones o tal vez verdes, o una mezcla de ambos. Esos ojos que me observan, aparentemente, deslumbrados, como si no creyeras que me estás viendo; es raro, lo sé. Aquellos ojos por los cuales, a veces, caen lágrimas, y cuánto sufro cuando las veo caer por tu cara.
 Tengo una extraña adicción.
 Hacia tu sonrisa, ¡Dios! Que perfección.¿Cómo puede ser que una mueca me haga sentir feliz? Te veo sonreír y se me ilumina el mundo, si sos feliz, yo también lo soy, siempre. Esa sonrisa, que me enamora cada vez que se asoma y me regala besos dulces.
 Tengo una extraña adicción.
 Hacia tus manos, que me sostienen cuando me caigo y me ayudan a levantarme. Que me atrapan desprevenida, me hacen cosquillas, recorren mi cuerpo atrevidamente; me miman todo el tiempo y me hacen sentir protegida. Manos que con agarrarlas siento felicidad, porque, creo yo, que con el tacto se dice lo que no se puede con palabras.
 Tengo una extraña adicción. Es hacia vos. Tu forma de ser tan distinta, tus gustos, tu manera de hablar y expresarte, tus habilidades, tu cariño. Mi adicción y vicio más grande, aquel círculo vicioso que no puedo soltar, sos vos.

        Agustina

lunes, 27 de mayo de 2019

Miedo

 Tengo miedo de salir de mi casa y no volver. Miedo todo el día, todos los días. Miedo de ser la siguiente sabiendo que no voy a ser la última. Miedo de no saber defenderme. Miedo de perder a alguien que conozco. Miedo de que esto nunca se termine.
 Porque todos sabemos que no es la ropa, no es el horario, no es el estado alcohólico; todos sabemos que la culpa no es nuestra. Todos sabemos que también nosotras somos violentas, que también los hombres sufren. Todos sabemos que la sociedad está mal y no podemos hacer nada para cambiarla. 
 Antes no existía ese miedo, ese pensamiento. Antes no miraba el noticiero y veía otro caso más. Antes, de alguna forma la sociedad estaba bien. Antes no luchábamos por las caídas y los caídos. 
 Y como todas, sé que ese miedo nunca se va a ir, que va a seguir ahí impidiendo tener libertad.

        Agustina

miércoles, 17 de abril de 2019

En un café

  Estaba tomando un café cuando te conocí. Te veías tan lindo, seguro de vos mismo, a cualquiera la tenías a tus pies con solo pasar al lado. Quise mirarte los ojos, que recordaba perfectamente que eran color café, de tanto mirarte en otras oportunidades; pero lamentablemente no pudo ser así, seguiste de largo sin darte cuenta de que yo estaba ahí sentada y sola. Admito que me hubiese gustado tu compañía, o aunque sea un saludo con la mano, pero no pudo ser.
  Te seguí mirando, lo más discreto que conseguí. Tus amigos te susurraban cosas y no sé porqué pensé que era algo sobre mí, quizá querer llamarte la atención fue la causa, no estoy segura. Cuando dejé de pensar me di cuenta de que me estabas mirando, fijo, sin despegar la vista ni un segundo. Me miré, varías veces, para ver si tenía una mancha en la ropa o comida en la cara, estaba todo perfecto. Me estabas mirando porqué querías mirarme, o quizá veías algo de afuera. Descarté ésta última cuando te paraste y viniste a saludarme. Me congelé, estaba segura de que mis cachetes estaban rojos y mí pulso no podía más de lo acelerado que estaba.
  Te sentaste en la mesa y me miraste, otra vez. ¿Qué hacías? ¿Querías algo? Me pregunté esto y más, mil veces en mí cabeza. Sentía que temblaba, tú presencia me provocaba tantas sensaciones juntas que no podía hacer más que temblar y rogar no decir estupideces. Bajaste la mirada y empezaste a hablarme.
  "¿Cómo estás?" Preguntaste con esa hermosa voz y yo no sabía que responder, mí cabeza no daba señales y entré en ¿Pánico? "Estoy bien, ¿Y vos?" Salió de mi boca como si nada, un alivio para mí. No me contestaste, te paraste y te fuiste, me dejaste ahí sola. Me sentí mal, insuficiente, parecía una tonta. Decidí pagar e irme, no iba a volver a aquel bar jamás, y de vos no quise saber nada más.
  Horas más tarde, me dijeron que te habías ido para buscar un regalo para mí, me emocioné y lo creí. Ansiosa porque llegase la oportunidad de verte de nuevo, empecé a tratar de cruzarme "accidentalmente" con vos, pero hacerlo fue una terrible idea. Lo supe en el momento en que te ví besando otros labios, mirando como si fuese lo más hermoso del mundo, a otra persona. Y lloré antes de irme, corriendo e incluso cuando llegué a casa.

      Agustina

lunes, 15 de abril de 2019

A través de mis ojos

  Estoy completamente segura, de que si te vieras con los ojos que yo te veo, entenderías porque me enamoré de vos y también porque lo sigo haciendo. 
  Con mis ojos veo perfección cuando te contemplo. Si, perfección. Más allá de todos los defectos que decís tener, hay un ser perfecto para mí, para mí vista. Te observo y descubro nuevas cosas, corrijo otras que no tenía bien enfocadas, me doy cuenta de cómo sos y porque lo sos. 
  Y es que, si vieras a través de mis ojos, también te verías así y sentirías lo que yo siento por vos. Te darías cuenta de que te amo de verdad con todo lo que soy y que daría hasta lo que no tengo por verte feliz.
  Si vieras a través de mis ojos, te enamorarías de vos mismo y verías que no encuentro defectos en vos, que me gusta todo lo que sos; que me enamoré de tu forma de ser, de cómo sos con todos.
  Si te vieras como yo te veo... Te aseguro que vas a entender todo.

            Agustina

viernes, 12 de abril de 2019

Coincidir

  Fue un instante, una corazonada tal vez. Ese día, a esa hora, nos tocó coincidir... Y que bello fue que haya sido así.
  Coincidimos aunque nuestras edades tengan diferencias, nuestros gustos sean distintos y nuestras perspectivas sean opuestas. Coincidimos en un momento exacto y por alguna razón que tal vez no entendamos.
  Sigo pensando en que coincidir con vos había sido lindo e inesperado, porque así funciona, ¿No? Cuando menos te lo esperas, sucede. Sigo pensando que coincidir logró enamorarnos uno del otro y, como no, el destino hizo su magia. 

      Agustina

miércoles, 10 de abril de 2019

  Te lloré cada noche, te extrañé cada día. No dejé de pensar en qué hice mal, en porqué no fui suficiente, porqué no te alcancé. Si fui yo o fuiste vos, que no supiste controlar todo lo que te daba, el amor que te ofrecí.¿Acaso mi amor no es puro? ¿O vos no soportabas tanto cariño? Si soy yo, ¿Qué me falta? ¿Qué me sobra? Será entonces que yo soy mucho, y vos sos poco; o vos sos mucho pero yo soy más y no me mereces... O yo no te merezco.
  Te soñé, en mis siestas y en la noche. Todos esos sueños, terminaron siendo pesadillas.¿Por qué pesadillas si fuiste lo mejor para mí? ¿Será una señal de que me convencí de que eras lo mejor que me pasó en la vida? Quizá me conformé con lo que me ofrecías, cuando tendría que haber buscado alguien mejor. Que sentimiento feo la conformidad, mereces más y te quedás con "lo que hay".
  Te imaginé conmigo en todos lados, en todo momento. Tenía ganas de que me acompañaras, pero ¿Para qué querer mala compañía cuando la estás pasando mal? Es como lastimarse e intentar curarlo con limón; arde, duele, sufrís el doble. Innecesariamente.
  Te dejé de llorar, de extrañar, de pensar. Basta de soñarte e imaginarte, basta de ponerme limón en la herida. Una curita no es la solución, no te voy a tapar, te voy a eliminar. Vas a dejar de doler, voy a darle tiempo al tiempo. Porque el sufrimiento duele, pero también sana.

          Agustina

martes, 9 de abril de 2019

Reencuentro

  Y te fuiste, me fuí, nos fuimos. Ambos seguimos caminos opuestos, vos por la izquierda y yo por la derecha. Te deseé mucha suerte y te dije por última vez que te quería, pero no lo escuchaste, porque fué un susurro de esos que son muy bajitos a causa de las lágrimas que brotan sin aviso. Me alejé del fin, que también era el inicio, el inicio de una nueva parte de mí vida, otra hoja en la que podía escribir. 
  No voy a negar que te lloré y te reviví en mí mente hasta que dejaste de doler, hasta que entendí que ya había pasado y que tenía que avanzar.
  Me volví más extrovertida, la pasaba bien con mis amigos y tenía tiempo para mí. Me conocí y me amé, descubrí que soy buena para un montón de cosas que jamás me hubiese imaginado, fue un paso grande para mí y me sentí orgullosa. Todos me veían más feliz, más alegre, más viva. 
 Había dejado de llorar, de sentir que no era nadie. Dejé de hacerme la cabeza por millones de cosas y aprendí a dejar fluir todo. 
  Pero entonces te reencontré, y no eras el mismo, no era la misma, no éramos lo mismo. Cambiamos tanto que no podía reconocernos. Hablamos de nuestras aventuras y momentos tanto tristes como felices, nos matabamos de risa... Cómo era antes. Y nos miramos, transmitiendonos todo lo que alguna vez habíamos sentido, y con esa mirada quisimos encender llamas de lo que ya eran cenizas.
  Ambos entendimos que era inevitable el reencuentro, que la tierra es redonda y que, en algún momento, la izquierda y la derecha se encuentran y se hacen uno. Fue entonces cuando volviste, volví, volvimos.

      Agustina

lunes, 8 de abril de 2019

Grave error...

  Sería un grave error creer que fue culpa tuya, cuando sentís temor a todo por culpa de alguien más. Porque vos sabés que no elegiste el maltrato, las burlas, los golpes; nadie los elige, llegan de la nada como todas las cosas, y aunque te lo esperes, te sorprende igual. Vos no quisiste irte, te obligaron a hacerlo, y sabes que el miedo te obligo a dejar de experimentar algo nuevo.
Quizá fueron aquellas burlas las que te dieron un sentido del humor. Quizá fue el maltrato lo que te hizo ser mucho más fuerte. Quizá fueron los golpes los que te enseñaron que toda herida, tarde o temprano, sana.
  Sería un grave error creer que sos vos el que está mal, porque vos sabes cuánto te esforzaste para ser mejor. Te mereces más de lo que recibís, a veces tenés que dar menos de lo que ya estás dando, sabes mejor que nadie, que existe gente que se aprovecha de otros, y no tenes que permitirte ser parte de esos "otros". Sabes que si te hacen mal, tenés que salir de ahí a tiempo, que no se te haga demasiado tarde, porque las cosas pueden salir mal para vos.
  Sería un grave error anteponer necesidades de otros antes que las tuyas, porque para vos tenés que importar vos y nadie más. Deja de preocuparte por necesidades ajenas y errores que no deben importarte. Enfocate en vos, y vas a ver de qué sos capaz.
  Sería un grave error creer que no vales la pena, cuando sabés que hay gente que solo quiere verte bien, y hacen lo imposible para verte así. Esas personas suelen ser pocas, pero creeme que están siempre ahí. No te rindas, no bajes los brazos. Haceme el favor de levantar la vista, y hacer que el mundo jamás se olvide de que estuviste vivo. Jugá y reí, reí mucho, canta y baila, llora, llora fuerte, expresate y experimenta. 
 Sos un ángel sin alas, alas que no necesitas porque con la mente podes volar.

        Agustina

domingo, 7 de abril de 2019

Desnudo

  Lo he visto desnudo, pero sin haberlo despojado de su vestimenta. Lo he visto desnudo cuando me habla de sentimientos y su vida pasada, cuando habla abiertamente conmigo, porque confía en mí. Sin necesidad de quitarse las prendas, pude ver su desnudez profundamente, su desnudez en sentido espiritual.
  Porque no es necesario contemplar la desnudez de alguien sacándole lo que lleva puesto. La desnudez verdadera es la interior, la que no se le muestra a la primer persona que se cruza en tu vida; sino la que se muestra a la persona que consideras la indicada.

         Agustina