lunes, 24 de junio de 2019

  Estábamos tirados en el pasto, juntos, tomados de las manos y mirando el cielo. No dejábamos de hablar, sobre todo y sobre nada, el tema de conversación no era relevante. Cada tanto se me escapaba verla, esa sonrisa... Me mataba. A veces ella me descubría viéndola y me tiraba un beso, después volvía a mirar el cielo para seguir hablando, me dejaba fuera de juego. Contemplaba la perfección misma. Y dice tener defectos, ¡Pero si no tiene ninguno! Es hermosa de pies a cabeza, su forma de ser es mágica y su forma de pensar es de otro mundo.
  Me quedaba embobado viendo sus labios moverse al compás de sus palabras, estaba en donde quería estar, con quién quería estar. Ella sabía que nada me alcanzaba para demostrarle mi amor, todo era insuficiente. Pero ella... Hasta con una caricia te lo demostraba, inexplicable. En todo su ser veías lo que sentía, y no le daba vergüenza demostrarlo.
  No resistí y la besé. Fue correspondido, como siempre, y mágico como nunca. Sentía tantas emociones juntas que no podía identificarlas. Sigo sin entender como no exploté a causa de mis sentimientos a flor de piel. Me perdí en ella y ella en mí.
  Me separé y la miré.
- Me encontré con un ángel.
  Sonrió.
- Tú ángel.
  Y nos fundimos nuevamente en un mágico beso.

      Agustina

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