Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. El reloj sonando constantemente, mientras le pido que por favor de detenga. Ignora mi petición y mis lágrimas, y continúa sonando.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Mi llanto se transforma en gritos de dolor. De ese dolor que oprime el pecho, e impide respirar. De ese dolor que, lentamente, te va matando. Me digno a mirar la hora. Solamente pasaron diez minutos. Y los siento como una eternidad.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Comienzo a desesperarme. Me sudan las manos y de repente siento un calor descomunal. Un calor que provoca que me ahogue. Que provoca que me quede sin aire. Me quito la ropa innecesaria y sigo esperando.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. El reloj sonando constantemente, mientras le suplico nuevamente que por favor se detenga. Otra vez me ignora, y continúa sonando. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Miro la hora. Solamente pasaron quince minutos. El calor se transforma en frío. Un frío que recorre toda mi espalda. Vuelvo a ponerme la ropa y sigo esperando. Pero con menos esperanza que antes.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. No suplico nada más. La eternidad es la misma, por más de que hayan transcurrido cinco minutos. Pierdo todas las esperanzas. No queda ni un poco en mi corazón. Que en cualquier momento dejará de ser mío. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Observo mi alrededor. Todos bajan la vista. Veo decepción en cada una de esas caras. Perdieron las esperanzas, al igual que yo. Doy media vuelta y salgo por la puerta. Me dirijo a la sala de espera y ahí los veo. Todos inquietos. Preocupados. Próximamente tristes.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Lo único que escucho, una y otra vez. Tic-tac. Tic-tac. Tic... Todo se detiene, y escucho lo que estaba esperando escuchar. "Hora de muerte, 04:18". Realmente lo intenté, pero no pude sobrevivir. Pero el reloj en mi muñeca, si.
Agustina.