domingo, 25 de octubre de 2020

Neutro

 Como todo el mundo, tengo días buenos, días malos, y... Solo días. Días en los que todo gira en torno a la neutralidad. Dónde las cosas dan igual, y los sentimientos se toman un tiempo; dejándonos sin expresiones, ni palabras. 
 Días neutros en los que no encuentro la diferencia entre la música tranquila, y la música para salir. Y al ser tan transparente, mi cara también está neutra. Inexpresiva. Solo... Está como está. Y yo estoy como estoy.
 
  Agustina.

lunes, 5 de octubre de 2020

Reloj

Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. El reloj sonando constantemente, mientras le pido que por favor de detenga. Ignora mi petición y mis lágrimas, y continúa sonando. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Mi llanto se transforma en gritos de dolor. De ese dolor que oprime el pecho, e impide respirar. De ese dolor que, lentamente, te va matando. Me digno a mirar la hora. Solamente pasaron diez minutos. Y los siento como una eternidad. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Comienzo a desesperarme. Me sudan las manos y de repente siento un calor descomunal. Un calor que provoca que me ahogue. Que provoca que me quede sin aire. Me quito la ropa innecesaria y sigo esperando.
 Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. El reloj sonando constantemente, mientras le suplico nuevamente que por favor se detenga. Otra vez me ignora, y continúa sonando. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Miro la hora. Solamente pasaron quince minutos. El calor se transforma en frío. Un frío que recorre toda mi espalda. Vuelvo a ponerme la ropa y sigo esperando. Pero con menos esperanza que antes.
 Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. No suplico nada más. La eternidad es la misma, por más de que hayan transcurrido cinco minutos. Pierdo todas las esperanzas. No queda ni un poco en mi corazón. Que en cualquier momento dejará de ser mío. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Observo mi alrededor. Todos bajan la vista. Veo decepción en cada una de esas caras. Perdieron las esperanzas, al igual que yo. Doy media vuelta y salgo por la puerta. Me dirijo a la sala de espera y ahí los veo. Todos inquietos. Preocupados. Próximamente tristes.
 Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Lo único que escucho, una y otra vez. Tic-tac. Tic-tac. Tic... Todo se detiene, y escucho lo que estaba esperando escuchar. "Hora de muerte, 04:18". Realmente lo intenté, pero no pude sobrevivir. Pero el reloj en mi muñeca, si.

Agustina. 

viernes, 2 de octubre de 2020

Huella

 Vi cómo levantaste tus cosas y decidiste irte. Las conversaciones de habían transformado en peleas. Una detrás de otra. Dejamos de tenernos paciencia. Dejamos de querer lo que éramos. Nuestra relación se había convertido en una guerra constante. Todos lo sabían. Pero nosotros tardamos en darnos cuenta.
 No se te escapó ninguna lágrima. Tu frialdad y tu orgullo no te lo permitían. Vos no te lo permitías. Jamás te vi llorar. Jamás te dí consuelo. Me esquivaste como si fuera un obstáculo en tu vida. Ni siquiera fuiste capaz de despedirte. Mi corazón te observaba confundido, porque no entendíamos qué te habíamos hecho. Qué le hicimos a la relación.
 Cerraste la puerta con fuerza. Descargaste toda tu furia. Me quedé sola en la casa. Lo único que me dejaste, fue tu ausencia. Y una tristeza indescriptible. Quedó una marca en mí. Una huella de tu amor y la felicidad que me diste alguna vez. Pero que nunca más me vas a transmitir. Y nadie va a poder borrar la huella del que fue y será, mi alma gemela.

Agustina.

jueves, 1 de octubre de 2020

La lluvia quería limpiar con sus pequeñas gotas, la sangre derramada. Mi sangre derramada. Las palabras cada vez eran menos comprensibles, como si hablaran un idioma diferente. Aquello que me pareció una lengua extraña, terminó por convertirse en la nada misma. No más balbuceos. Me desconecté por completo del mundo. Cómo si alguna entidad desconocida, hubiera desenchufado mi cuerpo de una máquina.
 Todo me resultaba ajeno. Incluso mi propio cuerpo. 

Agustina.