jueves, 1 de octubre de 2020

La lluvia quería limpiar con sus pequeñas gotas, la sangre derramada. Mi sangre derramada. Las palabras cada vez eran menos comprensibles, como si hablaran un idioma diferente. Aquello que me pareció una lengua extraña, terminó por convertirse en la nada misma. No más balbuceos. Me desconecté por completo del mundo. Cómo si alguna entidad desconocida, hubiera desenchufado mi cuerpo de una máquina.
 Todo me resultaba ajeno. Incluso mi propio cuerpo. 

Agustina.

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