Las nubes rompen en llanto
y sus lágrimas humedecen y mojan
todo a su paso.
Las hojas, trémulas por el viento,
trémulas por un suspiro
o por un aliento.
Mientras observo toda la escena,
desde el sosiego de mi habitación,
me parece escuchar una dulce canción.
Una melodía de la cual no me quejo,
me salva de sentirme como un vestido viejo.
Y aunque toda la música haya fluido,
esta lluvia me recuerda las grietas oscuras del olvido.
Tengo recuerdos al azar,
a los tristes no los puedo desviar.
Recuerdo y olvido, y viceversa,
aunque la lluvia me tenga en ella inmersa.
Veo los charcos pisoteados por gente que pasa,
tengo frío y nadie me abraza.
Ahora es inefable la tristeza que siento,
y deseo que termine este tormento.
Agustina.
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