domingo, 26 de abril de 2020

La señora Tita


  La casa estaba llena de recuerdos. Daba lástima verla en estado deplorable, daba lástima que envejeciera más y más. La casa más vieja del barrio, que había pertenecido a la abuela más dulce del mundo. Hace ya siete años nadie la habita. Parecía una casa de fantasmas, como en las películas. Todos los niños del barrio, habían pasado por esa casa. Su antigua dueña, la señora Tita, todas las tardes se sentaba en los escalones que daban a la calle. Los mismos escalones, que ahora están sucios, llenos de tierra. Se quedaba ahí toda la tarde, mientras veía pasar a los chicos. Y a todos, de vez en cuando, los invitaba a pasar a su casa a la hora de la merienda.
  Tita era la señora más querida de todo el vecindario. Si algún padre le llevaba un hijo para que lo cuidara, ella aceptaba encantada. Se notaba que amaba a los niños. Sus hijos la dejaron sola una vez que se fueron de casa. Tita se enteró por otras personas, que había sido abuela. Ni siquiera eso le dijeron. Siempre creímos que le gustaba invitar a los chicos del barrio a merendar, porque hacía de cuenta que eran sus nietos. Les contaba historias, cocinaba galletitas y budines, arreglaba su ropa y hasta les enseñaba a escribir. Un alma tan generosa, que la vida, a lo largo del tiempo, le devolvió todo lo que había dado. El día en el que Tita ganó la lotería, todos nos alegramos por ella. Y nos enojamos mucho cuando los buitres de sus hijos, aparecieron de la nada para visitar a su mamá.
  Todos sabíamos que, poco a poco, iban a quitarle todo el dinero a la pobre mujer. Le pedían cosas, muchas cosas. El mayor le pidió un campo, para que ella fuera a visitarlo y hacer lo que más le gustaba, que, según él, era ordeñar vacas. Cuando en realidad, lo que más apreciaba hacer, era mirar a los chicos del barrio mientras jugaban. Daban asco sus hijos, y más de un vecino se lo dijo, tanto a ella como a sus hijos. Tita sabía que sus hijos la habían buscado solo por el dinero, pero no le molestaba, porque pudo conocer a sus nietos gracias a eso.
  Muchos de nosotros, seguíamos yendo a la casa de Tita, porque siempre tenía la puerta abierta para todos. Pero sus hijos no nos permitían pasar. Nos decían que éramos irrespetuosos, que seguramente íbamos para pedirle dinero a su madre. Todos nos pusimos furiosos, pero mi enojo pasó los límites. Tomé por el cuello al hijo más grande y comencé a decirle que ellos eran las ratas inmundas que se aprovechaban del dinero de su madre, que eran una escoria y que no se merecían ni un cuarto de ese dinero. Me retiré triunfante.
  Por lo visto mis palabras y mis acciones, lograron que se fueran para siempre. Nunca más los volvimos a ver. Tita siguió siendo el mismo ángel de siempre. Fue ahí cuando le dijimos que no necesitaba a sus hijos para ser feliz y que, si ellos no sabían apreciarla, no se merecían nada de su parte.
  Pasaban los días y Tita no salía de su casa. Había dejado de salir a los escalones, y ya no miraba a nadie. Preocupados, decidimos ir a verla, teníamos miedo de que algo le hubiera pasado. La encontraron unos vecinos en el living, sentada en uno de sus sillones, mirando una de las tantas películas que tenía. Les había confesado que se sentía triste, que no tenía ganas de salir. Intentamos, uno por uno, animarla. Decirle que saliendo su tristeza iba a desaparecer. Pero no había caso. La vieja Tita no se asomaba ni siquiera por la ventana.
  Semanas más tarde, nos enteramos de que Tita había fallecido. El médico nos hizo preguntas, y sacó la conclusión de que estaba depresiva, que su cuerpo no pudo tolerar tanta tristeza. A día de hoy, no sabemos si fue porque no pudo volver a ver a sus hijos, o porque no pude ver más a sus nietos. Solo sabemos que realmente los amaba a pesar de todo. Como todas las madres.

sábado, 11 de abril de 2020

Carta pidiendo perdón

  Hola Agustina, ¿Cómo te sentís? Seguramente bien, porque todavía no sufrís problemas serios. Te escribo esta carta, para pedirte perdón. Sé que te defraudé, no hace falta que lo menciones. No, no me mires con esa cara. Quizás funcionaba con mamá y papá, pero conmigo no. Espero que guardes el berrinche para otro momento. Las dos sabemos que nos conocemos bien. De hecho, nos conozco bien. Sé que nunca vas a leer esta carta, porque vos ya no existís, formas parte de mi pasado. Pero, de igual manera, te escribo como si fueras a leer y entender algo de esto. 
  Querida y pequeña Agustina de siete años, te escribo desde el futuro. Ahora duplico tu edad, y tengo unos años más también. No, Zac Efron no vino a Argentina y se enamoró de mí. Si, Tomás forma parte de nuestra vida, pero como mejor amigo. Desde el futuro escucho tu corazón romperse por lo de Zac, perdón. 
  Recuerdo que queríamos publicar un libro antes de cumplir dieciocho. Bueno... Lamento decirte que ni siquiera pude terminar de escribir uno. No te enojes, dentro de unos años vas a conocer el porqué. Estoy trabajando mucho en uno, es una novela. Como si fuera un cuento, pero más largo y más entretenido. 
  Quiero pedirte perdón, por no haber hecho realidad nuestros sueños. Aunque tengo que admitir que eran algo inalcanzables, pero soñar no cuesta nada. Créeme que algún día, los voy a cumplir a todos. Exceptuando el de volar. Elimínalo de la lista. También quiero disculparme por no haber sido popular en principios de secundaria, como vos tanto querías por mirar videos de YouTube. Pero debo comunicarte, que en cuarto año comencé a ser una de las más conocidas del curso. Y no fue por ser linda, exactamente. Fue porque mi novio es bastante conocido. Si, tengo un novio. No, ya te dije antes que no es Zac Efron. Su nombre es Federico. Si pudieras leer esta carta, te diría que lo busques dentro de unos pocos años. Lo amarías mucho, al igual que yo. 
  Siguiendo con las disculpas. ¿Recuerdas que habías dicho que querías estudiar para ser maestra? Bueno, digamos que, actualmente, odias esa idea. Me inscribí y estoy estudiando Edición. Tranquila, está relacionado con los libros. En realidad, aún no empecé a estudiar. Este año 2020, si, ya sé que te parece muy lejano; hay un nuevo virus llamado coronavirus. Y tenemos que estar encerrados en nuestras casas. Aunque eso nunca fue problema para nosotras. En fin, no vas a ser ni maestra ni astronauta. Los intereses cambian Agus. Dentro de poco tiempo te va a pasar lo mismo. 
  Vas a cambiar muchas cosas. Si pudieras verme, dirías que solo me conoces por nuestra cara. Es que no cambió mucho que digamos. Pero no serías capaz de reconocerme por el cuerpo. Cambiamos más de lo que vas a creer a los catorce. 
  Y antes de despedirme, quiero disculparme por una última cosa. Mamá y papá donaron a Estrella, nuestra muñeca favorita. Les dije que prefería que alguien más la usara. Si vieras en donde estaba, te aseguro que hubieras hecho exactamente lo mismo. Vas a tener que aprender a soltar las cosas. No te imaginas la cantidad de cosas y personas, que vas a perder dentro de unos años. Prepara bien nuestro corazón y dile a mamá que compre muchos pañuelos descartables. 
  Te mando un beso enorme. 
 Atentamente: 
                          Agustina del futuro.