jueves, 30 de julio de 2020

  Estoy encerrada en la oscuridad de mi cabeza. Todo lo que veo, son los errores que cometí en mi vida. Las veces que me equivoqué. Aquellas veces que con alguien peleé. Cuando a alguien lastimé.
 Mis buenas acciones desaparecen, y las malas toman su lugar. Hoy me considero más mala que buena. Hoy soy mi peor versión, la que me toca representar.
 Todos mis errores me carcomen la cabeza. Me recalcan que, de vez en cuando, merezco que me pasen cosa malas. Porque yo soy mala, y transmito negatividad. Hoy hago todo como no hay que hacerlo, y me castigo repitiendo que no sirvo para nada y que no puedo hacer correctamente las cosas. 
 Entonces lloro. Porque hoy, me siento una persona inútil e incapaz de hacer dos cosas a la vez. Las únicas cosas que hice a la vez, fueron llorar y pensar en negativo.
 Y cierro los ojos para no ver el mundo. Y apago mi cerebro para no pensar más. Y me duermo para olvidarme de todo... Hasta que despierte.


   Agustina. 

lunes, 27 de julio de 2020

Hasta que...

  Te miro a través de la ventana, mientras cae la nieve. Te subís al auto sin mirar atrás. Sin mirarme a mí. Porque parece que ya estás acostumbrado a mirarme todos los días. Todavía sostengo la taza de café con ambas manos, mientras el vapor calienta mi cara. Haces marcha atrás y seguís a toda velocidad, como si estuvieras llegando tarde. Vos nunca llegas tarde.

  Mi mirada se pierde en el asfalto, que tiene nieve en los costados, conectándose con el jardín del frente de nuestra casa. Cuando vuelvo a la realidad, doy un sorbo a mi taza y la dejo en la mesa ratona. Escucho el sonido de la tostadora y me levanto del sillón para terminar de preparar mi desayuno. Queso untable y mermelada de frambuesa. No existe mejor combinación para unas tostadas. Vuelvo a sentarme y enciendo el televisor para ver las noticias. Al ver que hay otra chica desaparecida, cambio de canal. La angustia me recorre todo el cuerpo y comienzo a temblar. Siento un escalofrío y trato de no recordar nada. Mi cabeza solo piensa en que tengo que terminar unas cosas del trabajo. Busco mi computadora y comienzo con todo lo que me quedó pendiente de ayer. 

  Luego de un par de horas, decido volver a encender el televisor, y me encuentro con mi película favorita en Fox, “La propuesta”. Decido dejarla para alegrar un poco este día gris. Daría todo por ser como la protagonista. Linda y exitosa. Pero mis posibilidades me permitieron ser correctora en Argentina. Por ahora no puedo darme el lujo de irme del país. Doy otro sorbo y me río por una de las escenas. Mirar esto es, definitivamente, un botón de “reiniciar el día”. Pienso en aquella tarde en la que nos casamos, la felicidad de ambos por estar ahí, comprometiéndonos hasta que la muerte nos separe. Recuerdo tu enorme sonrisa. Aquella que tanto me conquistó desde el día en que te conocí. Te veía sonreír y no podía creer que existiera algo tan hermoso. Siempre fuiste la única persona que conocía todos mis secretos.

  Termina la película y noto que se me caen lágrimas de emoción, como siempre. Si la hubiéramos visto juntos, hubieras dicho "Mi mujer siempre llora con lo mismo", mientras me secas las lágrimas. Tomo las cosas y las llevo a la cocina para lavarlas. Veo el reloj y me percato de que ya son las doce del mediodía. Tomo un par de cosas de la heladera y comienzo a preparar tortilla de papa, tu favorita, mientras espero a que llegues.

  Es casi la una y todavía no llegaste, entonces decido poner la mesa para que, al llegar, almuerces directamente. Pasa media hora, todavía nada. Te llamo pero me da directamente con el buzón. Pienso que quizás tenías mucho trabajo y tuviste que quedarte. Pero si vos nunca llegas tarde... Escucho el timbre y abro la puerta. Junto con tu reloj, me entregan las malas noticias. Tuviste un accidente, a dos cuadras de nuestra casa. Ibas muy rápido, como si fueras a llegar tarde... Cuando nunca lo hacías. Mientras proceso la información, doy las gracias y cierro la puerta. Al voltearme lo primero que veo es nuestra foto de aquel día que tanto pensaba hace unos minutos. Tu sonrisa, la que voy a ver solamente en fotografías o recuerdos. Nuestra promesa escrita en un papel... 

  ... Hasta que la muerte nos separe.



  Agustina.

 


viernes, 3 de julio de 2020

  Hoy es un jueves de invierno, en el cual hacen tres grados. Pero siento que hace más frío, porque no estás. Tu ausencia me congela el cuerpo, en especial mi alma. Ya no te veo en los rincones de la casa. Tampoco escucho tus silbidos, recreando mis canciones favoritas. El perro me mira confundido, como si me preguntara lo mismo que yo me pregunto, ¿Por qué te fuiste? Creí que estábamos en nuestro mejor momento, apoyándonos mutuamente en todo, organizando planes y viajes por todo el mundo. Creí que estábamos cumpliendo nuestros sueños.
  El frío me abraza y la soledad trata de consolarme. Quedaron un par de cosas tuyas, como por ejemplo, la remera que te robé para usarla de pijama. Ya no me apetece usarla. Me recuerda a vos, y a que ya no estás. Pienso en transformarla en un trapo, o donarla. Me parece sano hacerlo, para poder sanar yo la herida que vos me generaste.
  No tengo ganas ni de salir de la cama. Prefiero ahogarme en mis lágrimas y perderme en mis pensamientos. Me pongo lo auriculares y ruego que no aparezca nuestra canción. Y antes de terminar de decirlo, suena "Mírenla" de Ciro y los Persas. Me hundo en la melancolía, aguantando las ganas de llamarte y decirte que vuelvas, que la casa sin vos está vacía y que hace más frío si no me abrazas. Podría cambiar la canción y dejar de quejarme o llorar, pero por un lado me gusta saber que puedo tenerte conmigo a través de la música. Me gusta saber que todavía estás conmigo, a través de mis recuerdos.


Agustina.