lunes, 27 de julio de 2020

Hasta que...

  Te miro a través de la ventana, mientras cae la nieve. Te subís al auto sin mirar atrás. Sin mirarme a mí. Porque parece que ya estás acostumbrado a mirarme todos los días. Todavía sostengo la taza de café con ambas manos, mientras el vapor calienta mi cara. Haces marcha atrás y seguís a toda velocidad, como si estuvieras llegando tarde. Vos nunca llegas tarde.

  Mi mirada se pierde en el asfalto, que tiene nieve en los costados, conectándose con el jardín del frente de nuestra casa. Cuando vuelvo a la realidad, doy un sorbo a mi taza y la dejo en la mesa ratona. Escucho el sonido de la tostadora y me levanto del sillón para terminar de preparar mi desayuno. Queso untable y mermelada de frambuesa. No existe mejor combinación para unas tostadas. Vuelvo a sentarme y enciendo el televisor para ver las noticias. Al ver que hay otra chica desaparecida, cambio de canal. La angustia me recorre todo el cuerpo y comienzo a temblar. Siento un escalofrío y trato de no recordar nada. Mi cabeza solo piensa en que tengo que terminar unas cosas del trabajo. Busco mi computadora y comienzo con todo lo que me quedó pendiente de ayer. 

  Luego de un par de horas, decido volver a encender el televisor, y me encuentro con mi película favorita en Fox, “La propuesta”. Decido dejarla para alegrar un poco este día gris. Daría todo por ser como la protagonista. Linda y exitosa. Pero mis posibilidades me permitieron ser correctora en Argentina. Por ahora no puedo darme el lujo de irme del país. Doy otro sorbo y me río por una de las escenas. Mirar esto es, definitivamente, un botón de “reiniciar el día”. Pienso en aquella tarde en la que nos casamos, la felicidad de ambos por estar ahí, comprometiéndonos hasta que la muerte nos separe. Recuerdo tu enorme sonrisa. Aquella que tanto me conquistó desde el día en que te conocí. Te veía sonreír y no podía creer que existiera algo tan hermoso. Siempre fuiste la única persona que conocía todos mis secretos.

  Termina la película y noto que se me caen lágrimas de emoción, como siempre. Si la hubiéramos visto juntos, hubieras dicho "Mi mujer siempre llora con lo mismo", mientras me secas las lágrimas. Tomo las cosas y las llevo a la cocina para lavarlas. Veo el reloj y me percato de que ya son las doce del mediodía. Tomo un par de cosas de la heladera y comienzo a preparar tortilla de papa, tu favorita, mientras espero a que llegues.

  Es casi la una y todavía no llegaste, entonces decido poner la mesa para que, al llegar, almuerces directamente. Pasa media hora, todavía nada. Te llamo pero me da directamente con el buzón. Pienso que quizás tenías mucho trabajo y tuviste que quedarte. Pero si vos nunca llegas tarde... Escucho el timbre y abro la puerta. Junto con tu reloj, me entregan las malas noticias. Tuviste un accidente, a dos cuadras de nuestra casa. Ibas muy rápido, como si fueras a llegar tarde... Cuando nunca lo hacías. Mientras proceso la información, doy las gracias y cierro la puerta. Al voltearme lo primero que veo es nuestra foto de aquel día que tanto pensaba hace unos minutos. Tu sonrisa, la que voy a ver solamente en fotografías o recuerdos. Nuestra promesa escrita en un papel... 

  ... Hasta que la muerte nos separe.



  Agustina.

 


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