martes, 12 de enero de 2021

El libro

Elena estaba leyendo un libro bajo el pino cuando comenzó a llover. Su gran altura y sus varias ramas pobladas de hojas, no fueron suficiente para evitar que la lluvia la mojara. Corrió con el libro cerrado en su mano izquierda, aunque en realidad ella es diestra. No se le había ocurrido que era mucho más seguro esconderlo debajo de su remera, para evitar que este también se mojara. 
 El pasto, también mojado, se había llenado de diminutos charcos de lluvia. Elena, divertida como siempre, decidió que no era mala idea chapotear en ellos. Le recordaba a su niñez, y todos seguimos teniendo ese niño interno. Ella no era la excepción. Sus zapatillas se mojaron aún más de lo que estaban antes, pero esos minutos de diversión habían valido la pena. Se olvidó por completo del libro, que entre salto y salto, cayó al suelo para terminar de arruinarse. 
 Al percatarse de su error, Elena no pudo evitar dar un pequeño grito de susto. El mismo que alertó a su perra Nala, la cual fue desesperada en busca de su dueña. Con el libro en manos y su perra lamiendo sus piernas, Elena se dirigió a su casa para ver si podía solucionar aquel accidente. Una vez dentro, miró a su madre con cara de pena. Buscó su secador de pelo y comenzó a secar, como pudo, hoja por hoja de aquel libro. Luego de varios intentos en vano, decidió que ya no había nada que hacer para salvarlo. Estaba arruinado. 
 Triste, decidió sentarse cerca de la ventana para mirar las gotas caer. La culpa dominaba sus pensamientos.

 -Si hubiera entrado a casa cuando empezó a llover, esto no hubiera pasado.

 En aquel momento que decidió dejar de pensar en el libro, se percató de que tenía una hermosa margarita frente a sus narices. Al ser su flor favorita, no pudo evitar ponerse feliz y olvidarse temporalmente de la tristeza. Aquella margarita era blanca, pequeña y Elena aseguraba que también tenía un aroma único, y que sus pétalos además de ser suaves, eran frágiles. La gotas de lluvia posadas en los pétalos, daban la sensación de que estaban reposando. Fue en busca de una hoja y sus materiales de dibujo, y centró toda su atención en dibujar dicha flor. 
 Ninguno de sus bocetos la convencían. Volvió a intentar retratar infinitas veces la margarita, hasta que por fin, uno de los dibujos la enamoró. Había dibujado hasta las gotas en sus pétalos, y los capullos del alrededor que aún no habían florecido. La vida plena, y la que aún no terminaba de surgir. 
 Al voltearse para mostrarle su obra maestra a su madre, notó que la misma tenía una bolsa en sus manos. Elena acumuló lágrimas de felicidad en sus ojos, hasta que cayeron sobre su nuevo libro. Que en realidad era el mismo que se arruinó horas atrás. Estaba tan inmersa en intentar retratar a la margarita, que no se dio cuenta de que su madre había salido de casa. Agradecida, le dio un abrazo y siguió con aquella lectura que la lluvia interrumpió. 


Agustina.

viernes, 8 de enero de 2021

También es amistad

 Persigo los recuerdos escondidos en mi memoria. Los atraigo con una red, para que no se me escapen y poder apreciarlos una y otra vez. Tengo diferentes tipos de redes. Fotos, vídeos, música. Revivo todos los momentos de mi vida. Bueno, la mayoría. Me sumerjo en el pasado, en los buenos tiempos, en la felicidad.
 Un par de veces la sonrisa se convierte en lágrimas. Pero nunca es algo grave. Solo es una pequeña angustia que desaparece en pocos segundos. Últimamente esa es mi conexión con los que quiero. Las fotos, los vídeos, la música y el extrañar. Sobre todo el extrañar. La peor parte, es que yo no fui quien eligió alejarse. Ninguno lo hizo. Nos distanciamos porque nos queremos sanos, en tiempos de enfermedad. Y eso... Eso también es amistad.


Agustina.

miércoles, 6 de enero de 2021

Cositas a mejorar

 Soy de esas personas que piensan demasiado. Sobre cualquier cosa. También me cuesta mucho tomar decisiones por mi cuenta. Si depende de mí elegir qué hacer, vamos a encontrarnos en un debate eterno repleto de la frase "elegí vos". Supongo que la razón es el hecho de que, mientras esté con esa persona, cualquier cosa me viene bien. Eso creo.
 Suelo poner las necesidades de los demás por sobre las mías. Mientras la otra persona se encuentre cómoda y feliz, yo también voy a estarlo. O quizás no. Pero ver bien al otro, me hace bien a mí.
 Sé que esto no siempre es sano. Claro que hay veces en las que pongo mi bienestar primero, porque es importante. Pero no hay mayor satisfacción que ver feliz a alguien que quiero y aprecio mucho. Es un mimo para mí.
 Tampoco suelo decir actitudes o cosas que me molestan. Por una sola cuestión: detesto las peleas. Si ocultando lo que me molesta evito peleas, con cualquier persona, lo hago. Soy consciente de que no está bien callar mucho las cosas, pero no hay nada que deteste más, que una pelea con alguien que quiero. A veces lo digo y termino siendo exagerada, o se toman mal mi molestia, o ni siquiera les importa. Algo que tampoco me gusta.
 Estoy trabajando en todo esto. Son cositas a mejorar. Creo que voy progresando de a poco, y está bien. Sé lo importante que es la salud mental, y quiero mantener la mía sana.


Agustina.

domingo, 3 de enero de 2021

El miedo y la ansiedad

 Las esquinas de la habitación se achican. El techo se me viene encima. La cama me atrapa y me convierte en su prisionera. No tengo cómo escapar, tampoco a dónde ir. Cerrar o abrir los ojos es lo mismo. No puedo ver nada. Las lágrimas mojan mis manos. Los gritos aturden mi cabeza. El tiempo muere, se queda estático. Puedo asegurar que todavía son las 2:34 AM. Porque cuando esto me pasa, la eternidad se apodera de la situación. Y en el momento en que abro los ojos y el infierno termina, la hora sigue intacta. Ni siquiera pasa un minuto.
 El reloj juega con mi mente. Destrozando todo rastro de cordura que encuentre a su paso. Dejándome como una loca desquiciada, que no posee control sobre ella misma. Y provoco lástima en los demás. O incluso miedo.
 Y esta noche, cómo todas, o casi todas, las demás, lo único que me controla... Es el miedo y la ansiedad.


Agustina.

sábado, 2 de enero de 2021

Los cambios

Las penas se desvanecen por un segundo, y la alegría es lo único que abunda en mí. Cierra un ciclo. Empieza otro. Nuevas oportunidades surgen. Otras terminan. Un nuevo año emerge y todos nos hacemos falsas promesas, falsos propósitos. ¿Por qué esperar a un nuevo año para cambiar actitudes o estilo de vida? Cómo si el hecho de un inicio significara coincidir con otro inicio. Deberíamos cambiar cuando realmente lo sentimos. No cuando comienza otro año.
Los cambios deben darse cuando estemos listos. Sin prisas. Sin nadie ni nada que nos corra.


Agustina.