domingo, 30 de junio de 2019

Ataque de pánico

  Me tiembla todo. Siento como me encierro en mí misma. No dejo escapar nada de mí, tampoco dejo que nada entre. Soy yo y mi mundo. O quizás soy solo yo, creandome la fantasía de que tengo un mundo propio. Siento ganas de escapar. Quiero escapar. Pero no me puedo mover. Solo tiemblo y tiemblo sin parar.
  ¿Alguna vez se terminará? No lo sé. Nadie lo sabe. Tal vez me acompañará toda mi vida. O tal vez hasta cierto punto de ella.
  Quiero ver algo. Desde aquí solo veo oscuridad y horror. Me come la cabeza, y siento que reviento. Lloro mucho y me seco las lágrimas. Pienso varias veces lo mismo: "me estoy muriendo", "soy muy jóven para irme", "¿Dónde están mis papás?". Mi garganta. Me la rasguño, pensando que eso va a lograr que yo respire bien. Me agarro la cabeza, porque me duele y me está matando con sus pensamientos.
  No quiero morirme. Pero pienso que voy a hacerlo, y eso me aterra. Busco la salida. No la encuentro. Me desespero y es peor. Inhalo. Exhalo. No funciona, siento que me muero.
  Me convenzo de calmarme, de que estoy bien. Poco a poco mejoro. Ese demonio me come la cabeza, los pensamientos. Y hasta quizás que me come la vida.
  ¿Quién es dueño de mi? ¿Él o yo? No lo sé. No me importa. Solo quiero estar bien, y lo estoy. Una vez más salí del tormento. Pero tarde o temprano volverá.

       Agustina.

lunes, 24 de junio de 2019

  Estábamos tirados en el pasto, juntos, tomados de las manos y mirando el cielo. No dejábamos de hablar, sobre todo y sobre nada, el tema de conversación no era relevante. Cada tanto se me escapaba verla, esa sonrisa... Me mataba. A veces ella me descubría viéndola y me tiraba un beso, después volvía a mirar el cielo para seguir hablando, me dejaba fuera de juego. Contemplaba la perfección misma. Y dice tener defectos, ¡Pero si no tiene ninguno! Es hermosa de pies a cabeza, su forma de ser es mágica y su forma de pensar es de otro mundo.
  Me quedaba embobado viendo sus labios moverse al compás de sus palabras, estaba en donde quería estar, con quién quería estar. Ella sabía que nada me alcanzaba para demostrarle mi amor, todo era insuficiente. Pero ella... Hasta con una caricia te lo demostraba, inexplicable. En todo su ser veías lo que sentía, y no le daba vergüenza demostrarlo.
  No resistí y la besé. Fue correspondido, como siempre, y mágico como nunca. Sentía tantas emociones juntas que no podía identificarlas. Sigo sin entender como no exploté a causa de mis sentimientos a flor de piel. Me perdí en ella y ella en mí.
  Me separé y la miré.
- Me encontré con un ángel.
  Sonrió.
- Tú ángel.
  Y nos fundimos nuevamente en un mágico beso.

      Agustina

sábado, 15 de junio de 2019

Corazón roto

 Tengo la certeza de que a veces, es mejor que te rompan el corazón, sino, ¿Cómo haríamos para saber sanarnos a nosotros mismos? Sin experiencias, nunca vamos a tener la oportunidad de aprender a sanar; y, lamentablemente, mientras más grandes somos, más difícil es adquirir el conocimiento de lo que sentimos. Por nuestras dudas.
 Mientras más tiempo pasa, más emociones aparecen y nos asustan. Crecemos sabiendo que existen la felicidad, la tristeza, el enojo, el miedo y el dolor. Entonces, un día descubrís el amor, todo tu cuerpo reacciona positivamente ante ésta hermosa emoción, llena de felicidad.
 Pero va a llegar el momento donde aparece la sensación de tener el corazón roto, que al principio es insoportable y las lágrimas son un completo descontrol. Sentís tristeza y dolor en forma abundante, te preguntás mil veces si fuiste insuficiente, si fallaste, si no demostraste todo lo que sentías. Te desconectas y sufrís en silencio, solo.
 Y con el tiempo vas a poder sanar, y vas a volver a ser vos. Te vas a valorar un poquito más, sabiendo lo que mereces y lo que te lastima. La felicidad, esa que vos tanto conocés, no va a dejar de abundar en vos.
 Sin querer, te darás cuenta de que te conocés más a vos mismo, y sos más feliz, gracias a un corazón roto.

       Agustina