Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. El reloj sonando constantemente, mientras le suplico nuevamente que por favor se detenga. Otra vez me ignora, y continúa sonando. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Miro la hora. Solamente pasaron quince minutos. El calor se transforma en frío. Un frío que recorre toda mi espalda. Vuelvo a ponerme la ropa y sigo esperando. Pero con menos esperanza que antes.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. No suplico nada más. La eternidad es la misma, por más de que hayan transcurrido cinco minutos. Pierdo todas las esperanzas. No queda ni un poco en mi corazón. Que en cualquier momento dejará de ser mío. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Observo mi alrededor. Todos bajan la vista. Veo decepción en cada una de esas caras. Perdieron las esperanzas, al igual que yo. Doy media vuelta y salgo por la puerta. Me dirijo a la sala de espera y ahí los veo. Todos inquietos. Preocupados. Próximamente tristes.
Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Lo único que escucho, una y otra vez. Tic-tac. Tic-tac. Tic... Todo se detiene, y escucho lo que estaba esperando escuchar. "Hora de muerte, 04:18". Realmente lo intenté, pero no pude sobrevivir. Pero el reloj en mi muñeca, si.
Agustina.
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