Estoy en el balcón de un cuarto piso en Parque Chas. Me da el sol en las piernas y en los pies descalzos. Ya van cuatro personas que veo paseando un perro, disfrutando del día a las 15:31hs. Tengo tres construcciones en frente. Hasta recién, reinaba un silencio majestuoso. Ahora los martillazos me comen la cabeza.
Estoy en un balcón, sola. Y me pregunto... ¿Por qué no estás conmigo? Ojalá nosotros dos estuviéramos en un balcón. Mirando cómo pasa la gente, y lo chiquita que se ve desde tan alto. Se vería minúscula desde un piso siete. Sería lindo tomar mates y charlar sobre todo y nada, en el balcón. Ni hablar de la vista hermosa de Parque Chas, cuando el otoño se hace presente. Las plantas están llenas de colores, y sus hojas caen al suelo sin hacer ruido. Delicadamente. La brisa te envuelve y te invita a ponerte un sweater.
Estoy en un departamento, y pienso en lo agradable... No, lo increíble que sería que estuvieses vos. Amándonos como siempre, mientras nos damos cuenta de las pequeñas cosas de la vida que más adoramos. Mientras nos decimos solamente con la mirada, lo mucho que nos amamos.
Agustina.
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