Esta noche, es diferente a todas las demás. No hay fiestas, no hay chicos, no hay amigas. Esta noche, soy yo y solo yo. No, no estoy enojada con nadie. No, no me llevé ninguna desilusión. Y no, no me rompieron el corazón.
Me tomo el descanso de ser alguien que, definitivamente, no soy. Me tomo un descanso de este desafío de porquería, que yo misma me impuse. Se me fue de las manos la mentira, y no sabía cómo manejarlo. Todo se desbordaba, en cualquier momento, me tocaba caer.
Todavía no lograba comprender como nadie lo había notado, si se me notaba en todo el cuerpo. Mucho más, en la mirada. ¿Cómo esconder toda esta farsa? ¿En dónde me he metido? Sólo me llenaba de preguntas, no hallaba ninguna respuesta. Ni siquiera darme un baño con agua caliente lo aliviaría, y el agua caliente, todo lo soluciona en mi vida.
Era toda una explosión de pensamientos, corriendo y chocando dentro de mi cabeza. Provocándome dolor y más dolor. Se me caían las lágrimas y estaba desesperada por solucionarlo todo. Terminar con esto de una buena vez.
Proponerme a perder peso me estaba matando. Llegué al extremo de no consumir nada que no sea agua o arroz. Hacía tanto ejercicio, que al terminar ya no tenía ni fuerzas para levantarme de la cama. La peor parte era afrontar el espejo, y ver que no me encontraba en las condiciones que quería. Y lloraba, como cada vez que me miraba desnuda. Ocultaba mí delgadez con ropa más grande, porque sabía que, si me veían, lo iban a hacer con preocupación.
Esta noche, tengo una guerra interna. Una de las tantas que fui teniendo en mi vida. Una parte de mí, me decía que pare, que ya era demasiado. Mientras que otra, me repetía constantemente que era una gorda. No sabía con cuál de las dos quedarme, estaba confundida. Admití que necesitaba ayuda, pero, ¿Quién podía dármela? Busqué en internet, y sorprendentemente, encontré un grupo de ayuda.
Todos los días me esforzaba por comer más, hacer menos ejercicio y salir de mi casa. Todavía me daba miedo usar ropa ajustada, no estaba preparada. Pero sentía que estaba progresando, y ya no me molestaba tanto mi reflejo. Aquellas personas que me brindaban ayuda, se ponían felices cuando les comentaba mis avances. Sus mensajes siempre fueron positivos. Tenía un nuevo desafío, y este beneficiaba mi bienestar.
Comencé a vivir mejor, rodeada de mucha gente que me hacía bien. Jamás volví a escuchar demonios de mi cabeza diciéndome gorda, porque no lo era. Y si estaba gorda, ¿Qué problema hay? Por lo menos estoy feliz conmigo misma, y me amo más que a nadie.
Agustina.
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